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Audio 3D A Seis Manos
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A Seis Manos. La contracultura de la 

casualidad

Cerca del Mercado de las Pulgas de San Alejo en Santa Fé, está A Seis Manos. Había empezado a llover y el sonido era amplificado por el material del techo. El ya incontenible aguacero me obligaba a preguntarme si el evento de esa noche tendría que ser cancelado. L’Aldea le puso nombre a su programación: en unos días se baila salsa, en otros imparten talleres de cocina, ese martes era noche de comediantes y en una esquina un grupo de ellos memorizaban líneas mientras bebían cerveza. La mayoría eran aficionados e incluso algunos nunca se habían subido a un escenario. Ante la presencia inquisitiva de mi cámara, un chico moreno de 20 años aparentados se tapó la cara molesto, más tarde aprendería que su condición de novato lo tenía nervioso y no le caía bien ser fotografiado. Decidí acercarme a un mesero que se encontraba justo al lado de la zona de lectura organizando las sillas. El botón de su delantal rojo me ahorró preguntar su nombre. Alexandre venía de Francia de intercambio y trabajaba allí para mejorar un ya pulido español. Como él, había otro francés mezclando la música. De su país había llegado hace 10 años una pareja de turistas que en unión con un colombiano decidieron crear un proyecto para poder vivir, todo con seis manos.  Al inicio era solo un restaurante que vio en la promoción cultural una oportunidad de crecimiento. Así, sin rumbo fijo, los mismos asistentes moldearon con las palmas lo que ahora es un establecimiento de puertas abiertas para la incursión artísitica, la comida internacional, el intercambio de libros y la distensión de buenas charlas. Aquí se congregan nacionales variopintas y extranjeros atraídos, tal vez, por los maniquíes acéfalos o los salvavidas de hule que adornan el lugar. Al final la noche transcurrió con normalidad, pocas sillas quedaron vacías, el show había comenzado. Un presentador que no pude evitar comparar con Bob Patiño de Los Simpsons, se tomó el tiempo de preguntarle a cada asistente su nombre y ocupación mientras alternaba las respuestas con chistes para romper el hielo. Cada comediante tenía cinco minutos. Uno por uno fueron subiéndose presentando rutinas de lo más variadas con números que incluían comentarios sobre la marihuana, el embarazo, el sexo, la calvicie y el color de piel. La corrección política no cabía en sus diccionarios donde las únicas palabras que importan son “libertad” y “expresión”. Sea como asistentes o artistas, en A Seis Manos reconocen con pesar la falta de promoción cultural del sector público y reunirse en comunidad es su forma de protestar. Esto es lo que Salcedo llama una contracultura “que busca llenar algo que falta, esto es establecer conexiones con sentido en un espacio seguro”.  

La contracultura a diferencia de la subcultura, explica Salcedo, tiene unas consecuencias a largo plazo determinantes para el futuro de cualquier organización social. En A Seis Manos la contravía la da su propuesta cálida monetizable e independiente de la Industria. 

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A Seis Manos
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